Tarde de brujas con un crimen que resolver

Ya próximos a la llegada de la festividad de los muertos el Sr. Caramés decidió dar una gran fiesta de disfraces en su edificio. A ella acudieron muchos de los integrantes de nuestra Manada y Tropa, convenientemente vestidos para la ocasión con espeluznantes y tétricos atuendos como los de bruja, demonio, poseso, hechicero, esqueleto, zombi, vampiro, engendro, verdugo, … incluso la propia muerte … y … un … un … ¿¡un pollito!? … ¡¿pero que demonios hacia allí un pollito?!

Incluso con la desconcertante presencia de un pollito en aquella fantasmal reunión, todo marchaba bien en aquella divertida fiesta con la gente bailando y luciendo sus disfraces cuando … repentinamente … las luces se apagaron y se escuchó un escalofriante y desgarrador grito.

¡Oh no! … ¡qué horror! el cuerpo de Ana, la joven y virginal hija del Sr. Caramés, yacía inerte en el suelo ¡alguien la había asesinado! Un crimen tan horrible y despiadado no podía quedar impune por lo que los participantes en la fiesta decidieron poner manos a la obra y organizarse en dos grupos para ayudar al despistado inspector Clouseau en su investigación para dar con el abyecto criminal que había cometido semejante tropelía.

Así, tanto la patrulla Halcones como la patrulla Linces, cada una con la ayuda de valientes lobatos y lobatas, se pusieron manos a la obra explorando el escenario del crimen, examinando los diversos indicios e interrogando a los numerosos sospechosos: Lola, la desquiciada vecina del bajo B; Claudia, la loca del manicomio; Roberto, el desolado novio de la muchacha ahora fiambre; la Sra. Remedios, ama de llaves del lugar; y el abatido padre de la difunta. Después de muchas pesquisas, pruebas y no pocos sustos, por fin se halló a la culpable que no era otra que la hipócrita vecina que aparentaba mostrar mucho aprecio por la familia Caramés pero que en verdad llevaba años aniquilando a los otros habitantes de la finca para así poder ser la única propietaria de la gran mansión. Fueron los y las integrantes de la Patrulla Halcones junto a sus intrépidos y pequeños ayudantes quienes primero lograron desvelar el misterio e informar al agente Clouseau.

Después de tan exhaustiva indagación, ya con la despreciable criminal entre rejas y a buen recaudo por el policía, llegó el momento de reponer fuerzas, todos y todas juntos, con una gran merienda y algún que otro baile.

Para aquellos osados que tengan el valor suficiente para contemplar los pavorosos disfraces y actividades que tuvieron lugar en tan dramáticas circunstancias pueden hacerlo visitando la galería de fotos.

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